jueves, 30 de marzo de 2017

El día que conocí a una persona que vivió la invasión nazi en Francia.


No es lo mismo escuchar testimonios en la tele o leer un libro que estar frente a una persona que lo vivió en sus carnes y te lo cuenta, sobretodo viendo como se sobrecoge mientras lo va recordando, yo me quedé con los pelos de punta.

He decidido contar esto porque de vez en cuando, mientras mi vida transcurre con normalidad y va pasando el tiempo, de repente, lo vuelvo a recordar, vuelvo a revivir ese momento y me gustaría no perder ese recuerdo y además, creo que una historia cojonuda de contar.

Estaba haciendo mis prácticas de empresa en el Spa de un hotel y ella apareció con su nieto queriendo reservar un masaje.

Yo, que no es por dármelas pero siempre he tenido don de gentes y que me encantan las personas mayores, siempre me he entendido bien con ellos, directamente vino a parar a mis manos. 

La señora hablaba italiano, francés y alemán y chapurreaba más que bien el español y el inglés. Eso ya de por sí me sorprendió mucho.

Después de tirarme 20 minutos en llevarla a mi cabina de trabajo, acomodarla en la camilla y responder a sus trescientas preguntas sobre mi, empecé el masaje.

Era un masaje hindú de cabeza y recuerdo que no se relajaba, lejos de eso, abría los ojos y me miraba y hablaba y hablaba y hablaba.
Empezó a contarme que nació en Francia, se crió allí y que ahora vivía en Italia con su hijo porque ya era muy mayor para vivir sola. Empezó a contarme que echaba de menos Francia y que le gustaría volver.


Empieza aquí la conversación por si os la come leer lo de arriba, vagos :D.

Yo le dije que me gustaba mucho Francia y que había estado allí hacia años y me gustaba todo lo que tuviera que ver con la historia del arte y que es una ciudad que solo con pasear por sus calles ya te cuenta una historia y es ahí cuando empezó a hablarme de que ella había vivido muchas historias y que actualmente con ayuda de sus hijos estaba escribiendo unas memorias (que nunca supe si salieron a la luz) sobre su vida porque ella vivió en sus carnes la invasión nazi en Francia. 

Me estuvo contando que ella recordaba que siendo niña como todas las tardes sonaba una sirena y era el toque de queda y se tenía que ir a su casa. Yo le pregunté el por qué de ese toque de queda y me dijo que era lo que se tenía que hacer, por lo menos los niños, precaución. 

Ella vivió con sus hermanas y su madre en casa de su tía con sus primos. Su padre era soldado y lo último que recuerda es que su madre le dijo que lo habían capturado y llevado a un campo de trabajo pero nunca más supo de él.

OSEA IMAGINAD MI CARA ...

Por un momento se disculpó y yo le dije que para nada que es un tema que siempre me ha apasionado y que nunca había conocido a nadie que lo viviera en primera persona y que para mi era un placer escucharla.

Me contó que pasó hambre pero sobretodo necesidades, echaba de menos un par de zapatos nuevos o unos calcetines, que había aprendido a coser y a reciclar su ropa. Como de un vestido se podían sacar una camiseta y un ropa interior y así. 

Luego otra cosa que me contó que me pareció curiosa es que a diario pasaban trenes donde se decía que llevaban armamento y alimentos de todo tipo y que en una de las varias estaciones de camino a Alemania pues mucha gente aprovechaba para abrir los vagones e intentar robar comida o ropa. Ella me contó que solo los vio pasar pero que había gente que conocía que sí que iba a robar a esos vagones y me contaba que era lo más normal ver "como mis amigos iban en busca de alimentos a esos trenes y ya nunca más los volvía a ver"..

También me contó que en un par de ocasiones, soldados nazis entraron en su casa a registrarla. Por lo visto, ser familia de un soldado que combatía contra los nazis te tachaban de enemigo al instante, aunque solo fueras una niña. De hecho, perdió su casa y por eso se tuvo que ir a vivir con sus tíos y que recordaba pasar mucho miedo al ver como en un par de ocasiones fueron a su casa a registrarla y dejarla todas patas arriba.


Yo flipé os lo juro. En mi vida me habría podido imaginar que podría conocer a una persona que me contase con tanta claridad cómo vivió en sus carnes una invasión nazi. Por desgracia no recuerdo que me contase algo más aunque seguro que sí, porque se pasó los 45 minutos que duraba el masaje sin parar de hablar y luego encima volvió a repetir masaje conmigo pero esta vez me habló de su marido y sus historietas de abuela cebolleta :D
Cuando iban a regresar a Italia, volvió y me dio una cajita de bombones, me preguntó por mi nombre e incluso le di mi número de teléfono pero vamos, ahí quedó todo.

A veces me pregunto si de verdad escribió un libro, la verdad es que la señora ya era muy mayor pero me sorprendió la claridad con la que me contaba todo y lo bien amueblada que tenía la cabeza.

Pues eso es todo, espero que os haya gustado esta pequeña anécdota que viví. 

Ya con el paso del tiempo van quedando menos y menos supervivientes del holocausto y de la II Guerra Mundial y me siento tan agradecida de haber conocido a alguien que lo vivió en sus carnes que ya me puedo dar con un canto en el pecho. 

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